Amor sin manual de instrucciones
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La familia tiene una forma muy curiosa de amar.
A veces el amor viene completo: apoyo, comprensión, defensa pública y hasta correcciones cuando alguien más se equivoca. Pero otras veces… el amor llega incompleto.
Porque te quieren, eso nunca está en duda, te abrazan, te llaman, preguntan si ya comiste.
Pero luego aparece la frase que deja un pequeño silencio en la habitación.
“Te entiendo, pero no tienes que decirlo a todo el mundo.”
“No me gustan las personas trans… o sea, a ti sí te quiero, pero a los demás no.”
“Deberías verte más masculino.”
Y ahí es donde uno descubre algo raro: el amor no siempre significa entendimiento.
Mi mamá tardó casi tres años en comprender lo que significaba mi transición. Tres años que, si soy honesto, fueron de los momentos más oscuros de todo el proceso.
Porque cuando el mundo no te entiende, duele. Pero cuando es tu familia… duele distinto.
Las reuniones familiares también tienen su propio tipo de tensión. Los comentarios de los abuelos, las miradas incómodas, esa sensación de que todos están tratando de navegar algo que nadie les enseñó a manejar.
Pero también aprendí algo con el tiempo, el amor, incluso cuando es torpe, a veces sigue siendo amor, no todos entienden al mismo ritmo, no todos desaprenden lo que crecieron escuchando.
Y aunque no justifica lo que duele, sí explica por qué algunas personas tardan tanto en llegar al mismo lugar donde tú ya estás.
Pero en fin… ¿quién soy yo para juzgar? solo soy un hombre trans intentando cambiar el mundo, un texto a la semana.




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