top of page

Aprender a nombrarme otra vez

  • hace 4 días
  • 1 Min. de lectura

La familia.

Ese grupo de personas que te vio crecer, que conoce tus manías, tus traumas de infancia… y que de repente tiene que actualizar el software completo de cómo te nombran.

 

Porque la transición no solo cambia documentos, voz o ropa, también cambia dinámicas familiares que llevaban décadas funcionando de cierta manera.

 

Algunas familias lo hacen con una facilidad casi milagrosa, aprenden tu nombre, corrigen a los demás, preguntan lo que no entienden y siguen adelante como si actualizarse fuera lo más natural del mundo.

 

Otras… tardan más.

 

No siempre por maldad. A veces es costumbre. A veces es miedo. A veces es esa resistencia humana a aceptar que las cosas cambian, aunque preferirían que no.

 

Y entonces aparecen momentos raros.

 

La tía que usa tu nombre correcto… pero solo cuando se acuerda, el primo que te defiende… pero todavía dice “cuando era niña” o la mamá que te ama profundamente… pero aún está aprendiendo a entender quién eres ahora.

 

Las relaciones familiares después de la transición son un proceso extraño, una mezcla de amor, torpeza, paciencia y pequeñas victorias.

 

El día que alguien te presenta correctamente, el momento en que dejan de corregirse en voz baja, cuando tu identidad deja de ser “el tema” y vuelve a ser solo… parte de quién eres.

 

La transición no rompe familias, lo que hace es mostrar qué tan dispuestas están a crecer contigo. Y crecer, aunque suene bonito, casi siempre es incómodo.

 

Pero en fin… ¿quién soy yo para juzgar? solo soy un hombre trans intentando cambiar el mundo, un texto a la semana.


Comentarios


Envíame un mensaje y dime lo que piensas

¡Gracias por tu mensaje!

© 2035 Creado por Tren de ideas con Wix.com

bottom of page