Aprender a nombrarme otra vez
- hace 4 días
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La familia.
Ese grupo de personas que te vio crecer, que conoce tus manías, tus traumas de infancia… y que de repente tiene que actualizar el software completo de cómo te nombran.
Porque la transición no solo cambia documentos, voz o ropa, también cambia dinámicas familiares que llevaban décadas funcionando de cierta manera.
Algunas familias lo hacen con una facilidad casi milagrosa, aprenden tu nombre, corrigen a los demás, preguntan lo que no entienden y siguen adelante como si actualizarse fuera lo más natural del mundo.
Otras… tardan más.
No siempre por maldad. A veces es costumbre. A veces es miedo. A veces es esa resistencia humana a aceptar que las cosas cambian, aunque preferirían que no.
Y entonces aparecen momentos raros.
La tía que usa tu nombre correcto… pero solo cuando se acuerda, el primo que te defiende… pero todavía dice “cuando era niña” o la mamá que te ama profundamente… pero aún está aprendiendo a entender quién eres ahora.
Las relaciones familiares después de la transición son un proceso extraño, una mezcla de amor, torpeza, paciencia y pequeñas victorias.
El día que alguien te presenta correctamente, el momento en que dejan de corregirse en voz baja, cuando tu identidad deja de ser “el tema” y vuelve a ser solo… parte de quién eres.
La transición no rompe familias, lo que hace es mostrar qué tan dispuestas están a crecer contigo. Y crecer, aunque suene bonito, casi siempre es incómodo.
Pero en fin… ¿quién soy yo para juzgar? solo soy un hombre trans intentando cambiar el mundo, un texto a la semana.



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